16 de julio de 2014

La Vinotinto necesita más que un entrenador

Adidas lanzó este año una nueva camiseta vinotinto. Solo la hemos visto en cancha una vez.
Algo no está bien.

Antes de seguir leyendo, lleguemos a un acuerdo: convengamos en que la Vinotinto necesita tener un entrenador ya. Necesita tenerlo desde enero, o quizá desde antes que empezara 2014. Cada día que ha pasado luego de la renuncia de César Farías ha sido un día de trabajo menos para la selección. Un día perdido en el camino al crecimiento que a Venezuela y a su equipo nacional le urge para no volver a quedar rezagada. Para no volver a caer en la escalera de Conmebol, en la que se adelantaron algunos peldaños y en la que hoy peligramos nuevamente, porque los demás no se detienen.

Para que lo de Cenicienta se quede en el pasado, para siempre, y que nunca amenace con regresar.

La Vinotinto necesita ya, ahora, sin más demoras, a un seleccionador competente que, con su trabajo y capacidad, mantenga al conjunto nacional en el nivel competitivo que merece. Y por ello su designación no debería retrasarse más. La deuda supera los seis meses. No deberían esgrimirse más excusas.

Pero, convengamos también -retomando el acuerdo que abrió estas líneas- que la Vinotinto (y el fútbol venezolano, todo) necesita mucho más que un seleccionador.

La Vinotinto (y el fútbol venezolano, todo) necesita debate, ideas, acuerdos, trabajo en conjunto. Inversión, sí, pero con un trabajo que haga que esa inversión sea justamente eso, inversión, y no simplemente dinero gastado. Dinero perdido.

La Vinotinto (y el fútbol venezolano, todo) necesita espacios. Necesita canchas, escuelas de fútbol con profesionales capaces, que sepan desarrollar el talento latente en los chamitos que quieren hacer del balón parte de su vida. Necesita más lugares dignos para patear una pelota sin tener que luchar con otros para hacerlo. Necesita masificación, pero en lugares adecuados, con una planificación previa y con un desarrollo coherente. No más generación espontánea. No más empirismo. No más azar, no más suerte.

La Vinotinto (y el fútbol venezolano, todo) necesita formación. Le urge sumar profesionales que tengan algo más que buena voluntad para la formación y construcción del deporte nacional. Necesita experiencias en otros entornos que ya conozcan el éxito en estas lides. Necesita estudios para saber aprovechar el talento natural que, casi sin querer, crece en tantos rincones de Venezuela. Necesita inversión en las raíces, porque de allí crecerá el Nuevo Fútbol Nacional. No sólo apostar a las ramas y las hojas, al final del árbol. Enfilemos esfuerzos a la base, al origen de todo. Allí está la clave.

La Vinotinto (y el fútbol venezolano, todo) necesita ideas, trabajo en conjunto. Necesita que quienes tienen poder de decisión y de cambio se reúnan para más que una cena obligada o un calendario. Necesita mesas de debate, de trabajo. De días, semanas y seguramente años de esfuerzo continuo para hallar respuestas y mejoras. Necesita más soluciones que los problemas que día a día se amontonan. Necesita que, año tras año, se revise qué está funcionando bien y qué está fallando en nuestro fútbol. Necesita más introspección y menos sensibilidad a la crítica.

Necesita darle a los venezolanos razones para que naturalmente, sin chantajes nacionalistas, quieran al FutVE. Que no sea por lástima, sino por su atractivo, por su calidad. Porque es bueno, no porque es un 'deber como venezolano' o solo porque 'es el nuestro'.

Que sea un amor espontáneo. No un matrimonio arreglado.

La Vinotinto (y el fútbol venezolano, todo) necesita espacios para hablar de él. Para resaltar sus bondades, su talento, sus aciertos (que sí los hay, y ocultarlo es mezquino); pero también para identificar fallos, para corregir tropiezos. Necesita de crítica, una bien entendida crítica. No necesita bombardeos irresponsables con intereses ocultos; pero tampoco necesita de epidermis hipersensibles e intolerantes a la disidencia. Necesita ser un tema de interés de masas. El silencio ante los problemas no es más que complicidad, o conformismo. O peor aún: ambas.

La Vinotinto (y el fútbol venezolano, todo) necesita que quienes hacen parte de él dejen de verse como enemigos enfrentados. Que el que tenga algo que decir y aportar pueda hacerlo, sin que otro se sienta atacado o amenazado. Que quienes están sientan que son parte de un todo que, si no se concibe a sí mismo como tal, podría estar hipotecando su futuro.

La Vinotinto (y el fútbol venezolano, todo) necesita un entrenador, desde hace tiempo. Pero necesita mucho más que un entrenador, desde hace mucho más tiempo.

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